28.7.16

Ecolocalización, una lección científica extraída de "Buscando a Dory"

"Buscando a Dory" nos ha traído momentos emotivos y de risas, tanto a grandes como a pequeños. Pero también nos ha regalado alguna lección científica, siempre partiendo de la base de que se trata de una película de animación cuyo objetivo no es ni mucho menos la divulgación. Aun así, gracias a esta película, los más pequeños (y algunos grandes) han descubierto el proceso de la ecolocalización, de la mano de la beluga Bailey
Imagen de la beluga Bailie (derecha) en "Buscando a Dory"
Una gran variedad de animales de diferentes géneros utilizan la ecolocalización, entre ellos destacan los murciélagos, cetáceos odontocelos (dentados) o algunas aves como los vencejos. Este proceso se basa en la emisión de sonidos determinados que rebotan con estructuras geológicas, otros animales, etc., generando un eco que es detectado por el animal emisor del sonido. 
Esquema que representa el proceso de ecolocalización
Gracias a este proceso, logran identificar la distancia en base al tiempo que tardan en recibir el eco y de la frecuencia e intensidad de este. Además, estos animales han desarrollado varios receptores especializados que les garantizan recibir la información procedente de diferentes direcciones, un ejemplo muy claro de estos órganos especializados son el tamaño y la disposición de las orejas de los murciélagos.
Imagen de un ejemplar de Rhinolophus macrotis
Este proceso ha despertado la admiración de cientos de investigadores, ya que es considerado uno de los más complejos que se encuentran en la naturaleza, también se le conoce como sónar biológico, siendo el simil natural del sónar que utilizan los submarinos. Diferentes estudios demuestran como surgió evolutivamente hace 65 millones de años, apareciendo primero en murciélagos. No fue descrito por el ser humano hasta 1938 de la mano de, un apasionado zoólogo americano especialista en etologia animal, que dedico años de estudio a los diferentes mecanismos de orientación y navegación animal.
La pasión de Donald Griffin por la etología le llevó a mantener su vida científica activa hasta poco antes de su fallecimiento en 2003
Este mecanismo permite a animales como los murciélagos no solo orientarse, sino utilizarlo como una herramienta de caza, que les ofrece una gran ventaja, ya que les permite detectar a las posibles presas y poder perseguirlas. Como la evolución es sabia, muchas de estas presas han desarrollado sistemas para dificultar el éxito de la ecolocalización, como puede ser emitir sonidos que interrumpan o confundan las ondas, igualmente muchas especies han sabido adaptarse.

Entre los cetáceos, utilizan la ecolocalización delfines, orcas, marsopas, belugas, calderones, cachalotes, delfines fluviales, rorcuales o narvales. El agua  es el medio a través del que se transmitan las ondas de sonido. Utilizan unos chasquidos o silbidos (aspecto en el que la película no es muy fiel) en diferentes frecuencias. En función de la frecuencia el sonido puede penetrar más o menos a través del agua, los de menor frecuencia llegan más lejos ofreciendo información sobre las estructuras geológicas cercanas, mientras que los de una mayor frecuencia son útiles para detectar posibles presas en movimiento. Para producir estos sonidos utilizan el aire, este atraviesa el conducto respiratorio y otras estructuras asociadas, mientras que la frecuencia de emisión se regula por la contracción o relajación de la musculatura asociada a estas estructuras.

Para terminar y como curiosidad a puntualizar, ya que en este caso la película que no es muy fiel a la realidad, es que se ha observado como los cetáceos en cautiverio no realizan ecolocalización, ya que el eco choca contra las paredes del acuario, pudiendo afectar los oídos y estructuras asociadas del animal. Igualmente no deja de ser una película de animación, que ha introducido un concepto que muchos no conocían y que nos da una oportunidad para hablar sobre uno de los procesos más fascinantes de la naturaleza.


JFR, 2016

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