3.12.11

Leptina y sistema inmune


Una de las funciones descubiertas más recientemente de la leptina es la conexión entre el estado nutricional y la competencia inmunológica. El papel de la leptina regulando la respuesta inmune ha sido establecido a la luz de multitud de datos obtenidos de modelos animales y celulares, estudios in vitro, así como en investigación clínica. Así, la leptina modula el desarrollo, la proliferación, la apoptosis, la maduración y la activación de prácticamente todas las células involucradas en la inmunología celular, regulando la respuesta inmune, tanto innata como adaptativa. De hecho, se han encontrado receptores de leptina en neutrófilos, monocitos y linfocitos, y el receptor de leptina pertenece a la familia de receptores de citoquinas de tipo I. Más aún, la leptina activa señales parecidas a las reclutadas por otros miembros de la familia. La leptina activa células proinflamatorias, promoviendo una respuesta de tipo Th1, y media la producción de citoquinas proinflamatorias, tales como TNFa, IL2 o IL6. El receptor de leptina también se regula estimulándose por señales proinflamatorias. Así, la leptina es un mediador de la respuesta inflamatoria, y podría tener un papel permisivo en el desarrollo de algunas enfermedades autoinmunes. En cualquier caso, el papel fisiológico de la leptina en la adecuación de la respuesta inmune al estado nutricional parece claro, mediando el déficit inmunológico en la desnutrición y contribuyendo al estado proinflamatorio de la obesidad, y así, incrementando aún más el riesgo cardiovascular.

Hoy en día parece aceptado que la leptina juega un papel importante como señal que conecta los almacenes de energía con el sistema inmune, y que la falta de leptina puede participar en la inmunosupresión de la desnutrición, así como de la observada en síndromes de obesidad causada por deficiencia en la producción o por la falta de acción de la leptina. En este contexto, la leptina parece ser una señal de adaptación al ayuno prolongado. Además, la leptina podría jugar un papel en la selección natural, ayudando a los mejor alimentados a sobrevivir en condiciones de escasez, permitiendo la defensa frente a la infección a los mejor dotados. Por otra parte, un exceso de leptina en la circulación, que suele ocurrir en la obesidad y el sobrepeso,
podría tener un papel en condiciones fisiopatológicas mediadas por un exceso de respuesta inmune. Este estado proinflamatorio podría ser relevante para la enfermedad cardiovascular, aumentando el riesgo de infarto de miocardio en sujetos obesos.

Datos recientes sugieren un posible papel de la leptina en la fisiopatología de algunas enfermedades autoinmunes. Esto se ha demostrado ya en algunos modelos animales, como la encefalomielitis experimental autoinmune, la artritis inducida por antígeno, la diabetes tipo 2, la colitis autoinmune y la hepatitis experimental, así como en algunos estudios clínicos en humanos.
Por ultimo, la leptina ha sido propuesta como una posible herramienta terapéutica, no sólo para la inmunodeficiencia de los síndromes de obesidad causados por un déficit de leptina, sino también en algunos síndromes de inmunodeficiencia, como la inmunodeficiencia común variable, para mejorar la función de las células T y para la síntesis de inmunoglobulinas. Datos recientes parecen apoyar esta hipótesis. 


En conclusión, la leptina puede ser considerada una diana terapéutica en algunas situaciones clínicas asociadas a un exceso de leptina, tales como algunos estados proinflamatorios, o enfermedades autoinmunes, así como en otras situaciones clínicas asociadas a un déficit de leptina, como el ayuno prolongado, el exceso de ejercicio, o inmunodeficiencias, para poder mejorar y optimizar la respuesta inmunológica. Esto nos indica que aún queda mucho por investigar en el campo de la leptina y la regulación del sistema inmune.

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